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Los daños colaterales en el campo social PDF Imprimir Escribir un correo electrónico
Noticias - Cultura
Subido por Adrian Giannetti    Martes 21 de Febrero de 2012 16:58

 

altEn el libro, "Daños colaterales", el sociólogo polaco Zygmunt Bauman se concentra en aplicar esa categoría -correspondiente a episodios bélicos- al campo social, donde la cantidad de muertos y heridos desde la aceleración de la política global podría superar a la de las últimas guerras.

El libro, publicado por el Fondo de Cultura Económica, amplía las investigaciones que el investigador trabaja desde su clásico "Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias", de 2005; la tesis es que los hombres han dejado de ser una fuerza de trabajo (explotada) a un desecho.

Bauman publicó, entre otros libros, "Legisladores e intérpretes. Sobre la modernidad, la posmodernidad y los intelectuales", "Modernidad y Holocausto", "Trabajo, consumismo y nuevos pobres", "La posmodernidad y sus descontentos" y "Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil".

Además, "Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores", "El arte de la vida", "La globalización. Consecuencias humanas", "Amor líquido", "Mundo consumo", "Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos" y "Vida de consumo".

Bauman es una de los cientistas sociales más populares de los últimos tiempos; no sólo sus temas de estudio siguen las preocupaciones sociales más acuciantes, sino que su escritura, lejos de la jerga académica, es accesible al especialista y al curioso.

En "Daños..." utiliza una categoría del universo bélico por medio de la cual se denota los efectos no intencionales ni planeados de una acción armada.

Desde la Primera Guerra Mundial, cuando se generalizaron los bombardeos a la población civil, los daños colaterales son una constante y nombrarlos así es una hipocresía mayúscula, según entiende el especialista.

"En el mundo contemporáneo, los pobres, cada vez más criminalizados y marginados, son privados de oportunidades y derechos y de este modo, se convierten en candidatos `naturales` al daño colateral de una economía y una política orientadas por el consumo", escribe Bauman.

Y cita a Martin Espada, profesor de la Universidad de Massachusetts: "Solemos pensar que los desastres naturales son en cierto modo imparciales y azarosos".

Sin embargo, "siempre ocurre lo mismo: son los pobres quienes corren peligro. Eso es lo que implica ser pobre. Es peligroso ser pobre. Es peligroso ser negro. Es peligroso ser latino".

Pero no por nada el subtítulo de este libro es "Desigualdades sociales en la era global".

La panacea que se vendió a finales de los 80, cuando proliferaban los becarios escribiendo el fin de la historia, de las ideologías, sólo se reveló según el ensayista como una operación de propaganda para justificar el saqueo de los recursos naturales, una vez destronado el comunismo, también llamado "socialismo real".

Con todo, polaco y radicado en Leeds (Inglaterra) desde hace más de 30 años, Bauman es un simpatizante del laborismo pero jamás adhirió a la versión soviética del socialismo.

"El término `baja (o daño, o víctima) colateral` fue acuñado en tiempos recientes en el vocabulario de las fuerzas militares expedicionarias y dinfundido a su vez por los periodistas que informan sobre sus acciones", explica Bauman.

Y agrega que "calificar de `colaterales` a ciertos efectos destructivos de la acción militar sugiere que estos efectos no fueron tomados en cuenta cuando se planeó la operación".

Claro que si nos referimos al campo social, donde la igualdad de oportunidades, por poco eficaz que pueda ser, al menos atenua los costos de haber nacido en clases sociales más o menos desfavorecidas, las consecuencias son de más largo alcance y más destructivas, justamente por carecer del `efecto espectáculo` que produce un bombardeo.

Y a ese punto es el que Bauman se refiere en este libro que no agrega nada demasiado nuevo a otros de su producción, pero que actualiza datos, recompone retóricas engañosas y desenmascara que el daño colateral no existe sino que es un efecto buscado.

Télam